Hoy he perdido un amigo más
Hoy, mientras saboreaba un combinado al borde de la piscina de un amigo, he tenido conocimiento del fallecimiento de una gran persona.
Me ha llegado de la forma más frívola. Comentario entre "las amigas" tipo: "Por cierto, creo que ha muerto hace poco. Me he enterado por un chat, o un foro de debate de internet. no lo recuerdo".
¡¿Que mi amigo ha muerto?! ¡Qué dices!, cuando, cómo? ... y lo peor viene después, cuando el sentimiento de culpa de mi amigo por el tono en que me ha transmitido la noticia, sin pensar que me unía una enorme y profunda amistad, se une con una enorme complicidad en el silencio que nos frena de preguntar "de qué murió?".
Hace un año mi amigo me invitó a unas jornadas en Barcelona, su Barcelona querída (o mejor dicho, querïda, con diéresis, que es como a los porteños les gusta pronunciar esa palabra). La noche que llegué a la ciudad me invitó a dar una vuelta por el maricódromo. La zona que él y yo convenimos en llamar el "circuito gay" de Barcelona, aunque es una palabra extrapolable al maricódromo de cualquier otra ciudad europea, donde la homosexualidad puede manifestarse evidente sin temor a las represalias policiales, sociales, o incluso penales.
Mi amigo era un sibarita. Un Maricón-con-clase, con gusto, inteligente, brillante, elegante, sabio y muy muy culto, reflexivo y un apasionante conversador, como buen argentino.
Hacía gala de una especie de halo aristocrático, como traido en la máquina del tiempo. Un Señor del siglo XIX, pero con una visión del mundo propia del siglo XXIII en el que a todas y a todos nos gustaría vivir.
Realmente no sé cómo fue, ni quién sacó la conversación en aquel bar. El caso es que me preguntó abiertamente y con una preocupación cierta por el resultado de mis análisis. Lo tranquilicé y abrimos "LA" conversación sobre el tema.
Me dijo que él también estaba ajeno, por suerte. Mi amigo pertenecía a esa generación casi exterminada en los ochenta por la doble lacra de sida-heroína. Era uno de los supervivientes a aquel holocausto casi silenciado.
Celebramos juntos nuestras alegrías y nuestros devenires amorosos, profesionales y también festivos, y nos preparamos para las jornadas del dia posterior sobre turismo gay, nación, y turismo responsable.
Hoy, justo hoy, al recibir la noticia, he perdido a un gran amigo. Alguien de alta nobleza y calidad humana. Nunca nadie supo de su mal. Siguió luchando en silencio hasta que no pudo más y cayó ingresado por una de las "enfermedades oportunistas".
Hace 3 dias que mi amigo me dejó, pero yo lo he perdido hoy, cuando me he enterado, casi de casualidad. En medio de una conversación al borde de una piscina. Hace tres dias, y tras un par de llamadas para confirmar la terrible noticia me entero que se está organizando un homenaje del que me informarán a tiempo. Esta vez sí.
Me cuentan cómo han vivido sus últimas semanas de ingreso hospitalario. Nuestros amigos comunes no sabían de su mal. En el hospital no les facilitaban información suficiente al no ser familiares directos.
Se fue en silencio. Sin rastro. De la forma más discreta y elegante posible.
No hay forma de enviar una nota de condolencia. Nadie tiene un acceso directo a su familia. Su familia eramos todos. Me dicen que hoy, tres dias después, no se ha celebrado su funeral por problemas burocráticos. Tardarán una semana en darle descanso.
Se van todos igual. Hoy, 25 años más tarde, se siguen marchando en silencio. En el armario. Sin que ninguno de sus amigos más cercanos podamos hacer nada por ayudar, por participar de su agonía, ni acompañarlo hasta el final.
25 años de vergüenza, de silencio y de crueldad social suprema. Si tan solo hubiésemos podido intuir, tal vez el jarro de agua no caería tan frio, ni su despedida sería tan en soledad.
Se van como si fuera un accidente de tráfico. Sin previo aviso. Sin dar la lata a nadie. En silencio y con la dignidad intacta.
Se van de una manera que duele hondo. Que invita a luchar contra la propia indignidad social en que nos desenvolvemos el resto.
No les olvidaremos.

